
La leyenda de películas rodadas en versión doble –púdicas para el público mexicano, eróticas para su consumo internacional- es algo que no ha sido demostrado y es defendido incluso por instancias oficiales e historiadores de cine que sin embargo no han afirmado abiertamente haberlas visto o contar con alguna copia de las mismas, por mi parte me quedo con la versión de que efectivamente había un plan para realizar una segunda edición lúbrica pero no llegó más allá de las fotos fijas y diseño de carteles publicitarios; al menos hasta que no llegue a mis manos una de estas. Sí, como reza el lema “quiero creer” pero hasta ahora me quedo con la romántica idea de que esto alguna vez sucedió y nuestro héroe traspasó las fronteras del matineé familiar.
En esta aventura, realizada en 1968 por René Cardona Sr., Santo revela una nueva faceta como inventor, si bien ya se había visto muestras de su pericia como científico y dominio en tecnologías muy adelantadas a su época, en esta cinta de entrada nos enteramos que ha inventado una máquina para volver en el tiempo, la cual prueba con Luisa (Noelia Noel), hija de su amigo el doctor Sepúlveda, sólo para darse cuenta que al regresar en el tiempo la doncella es víctima de una extraña anemia que hace sospechar al profesor Van Roth (Fernando Mendoza) de que se trata de algo más allá, máxime que cerca de la casa de la joven vive el Conde Alucard, interpretado por Aldo Monti, quien junto con Germán Robles es uno de los vampiros más memorables de la cinematografía mexica.

Bastante ocioso resulta hablar de la valía artística del filme, Santo nos dio siempre lo que necesitábamos: un héroe nacional que sobrepasó los límites del comic y las películas para llenarnos de aliento y esperanza, uno que podíamos ir a ver a la arena en vivo y contemplar su magnificencia –la leyenda dice que Don Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre tras la máscara, sólo perdió el 10 por ciento de las peleas que disputó en vida-, Santo es un ícono por antonomasia, tangible como cualquier prócer patrio y sin embargo superior por combatir contra maldades ultraterrenas, algo que ni nuestros santos laicos –Zapata, Villa, et al- pudieron darnos; es simplemente una figura mítica e irrepetible que se ha trasmitido no sólo a generaciones y generaciones de mexicanos, es una figura universal proclamada en todos los rincones del planeta. Así de sencillo y de complejo.

Larga vida a Rodolfo Guzmán Huerta, Santo, el Enmascarado de Plata. Muestra de que los gigantes caminaron en la tierra.
Les dejo una escena de las que supuestamente en la versión para exportar se podía ver a las vampiras desnudas y
Otra en la que nuestro héroe desde su presente descubre la identidad del enemigo.
Y ya como pilón, la escena donde Santo muestra su rostro en Contrapunto.
Dir. René CardonaGuión: Alfredo Salazar
Fotografía: Raúl Martínez Solares
Edición: José W BustosMúsica: Sergio Guerrero CalderónCon: Santo, el Enmascarado de Plata (Rodolfo Guzmán Huerta); Aldo Monti; Noelia Noel; Alberto Rojas “el Caballo”.
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