jueves, 5 de febrero de 2009

Santo en el tesoro de Drácula

Hay películas de las cuales estamos seguros que es imposible rescatar, que se han perdido para siempre por distintas circunstancias, tal vez el caso más famoso es el de London After Midnight (Todd Browning, 1927), aunque incluso de esta hay rumores de que existe bien resguardada una copia del original y eso crea la débil esperanza de que algún día veremos algo más que la reconstrucción a base de fotos fijas que conocemos hoy día. México no se queda atrás en el rubro de películas “perdidas” y el insuperable Santo, el Enmascarado de Plata tiene varias en su haber, siendo la principal Santo en el Tesoro de Drácula, donde el máximo superhéroe de estas tierras tiene que combatir no sólo al mismísimo Drácula escondido tras el simplón anagrama de Alucard, sino a todo su séquito de vampiras de senos al aire ¡Oh, si!
La leyenda de películas rodadas en versión doble –púdicas para el público mexicano, eróticas para su consumo internacional- es algo que no ha sido demostrado y es defendido incluso por instancias oficiales e historiadores de cine que sin embargo no han afirmado abiertamente haberlas visto o contar con alguna copia de las mismas, por mi parte me quedo con la versión de que efectivamente había un plan para realizar una segunda edición lúbrica pero no llegó más allá de las fotos fijas y diseño de carteles publicitarios; al menos hasta que no llegue a mis manos una de estas. Sí, como reza el lema “quiero creer” pero hasta ahora me quedo con la romántica idea de que esto alguna vez sucedió y nuestro héroe traspasó las fronteras del matineé familiar.
En esta aventura, realizada en 1968 por René Cardona Sr., Santo revela una nueva faceta como inventor, si bien ya se había visto muestras de su pericia como científico y dominio en tecnologías muy adelantadas a su época, en esta cinta de entrada nos enteramos que ha inventado una máquina para volver en el tiempo, la cual prueba con Luisa (Noelia Noel), hija de su amigo el doctor Sepúlveda, sólo para darse cuenta que al regresar en el tiempo la doncella es víctima de una extraña anemia que hace sospechar al profesor Van Roth (Fernando Mendoza) de que se trata de algo más allá, máxime que cerca de la casa de la joven vive el Conde Alucard, interpretado por Aldo Monti, quien junto con Germán Robles es uno de los vampiros más memorables de la cinematografía mexica. Hasta el fin de la primera parte, donde se consume la vampirización de Luisa, la película lleva un ritmo conciso que la vuelve hipnotizante –valga la referencia- hasta que Santo, decidido a mostrar la valía de su descubrimiento, toma de la cueva del villano un medallón que es media clave para conducir al tesoro a que hace referencia el título y a partir de ahí la trama se torna en la más clásica del cine fantástico de luchadores, es decir, peleas por doquier y un enfrentamiento entre el invencible Santo y el luchador Atlas para definir quien se queda con la totalidad de la clave, el mero mole de la máxima estrella del encordado de todos los tiempos pues.
Bastante ocioso resulta hablar de la valía artística del filme, Santo nos dio siempre lo que necesitábamos: un héroe nacional que sobrepasó los límites del comic y las películas para llenarnos de aliento y esperanza, uno que podíamos ir a ver a la arena en vivo y contemplar su magnificencia –la leyenda dice que Don Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre tras la máscara, sólo perdió el 10 por ciento de las peleas que disputó en vida-, Santo es un ícono por antonomasia, tangible como cualquier prócer patrio y sin embargo superior por combatir contra maldades ultraterrenas, algo que ni nuestros santos laicos –Zapata, Villa, et al- pudieron darnos; es simplemente una figura mítica e irrepetible que se ha trasmitido no sólo a generaciones y generaciones de mexicanos, es una figura universal proclamada en todos los rincones del planeta. Así de sencillo y de complejo. El 5 de febrero se cumplen 25 años de su muerte física, apenas unos días después de que en el programa Contrapunto nos dejara ver su rostro, tal vez como una anticipación a su deceso; suceso que a la postre debo decir que me marcó de por vida. Por ello he elegido esta película -leyenda de la leyenda- a manera de ofrenda para un hombre que es en sí mismo leyenda, uno que nos ha dado mucho más que cualquier caudillo de nuestros tiempos: la capacidad de soñar que este mundo está a salvo gracias a un protector perceptible, alguien que puede ser nuestro vecino, alguien en quien podemos confiar.
Larga vida a Rodolfo Guzmán Huerta, Santo, el Enmascarado de Plata. Muestra de que los gigantes caminaron en la tierra.

Les dejo una escena de las que supuestamente en la versión para exportar se podía ver a las vampiras desnudas y



Otra en la que nuestro héroe desde su presente descubre la identidad del enemigo.

Y ya como pilón, la escena donde Santo muestra su rostro en Contrapunto.



Dir. René CardonaGuión: Alfredo Salazar
Fotografía: Raúl Martínez Solares
Edición: José W BustosMúsica: Sergio Guerrero CalderónCon: Santo, el Enmascarado de Plata (Rodolfo Guzmán Huerta); Aldo Monti; Noelia Noel; Alberto Rojas “el Caballo”.

domingo, 4 de enero de 2009

Mafalda

Para 1964 Joaquín Salvador Lavado, conocido desde su primera infancia como Quino, gozaba ya de cierta fama como historietista y en función de ello la agencia Agnes Publicidad le encomendó -de rebote, originalmente el trabajo era para Miguel Brascó- que realizara algunas historietas para la campaña de lanzamiento de una línea de electrodomésticos llamada Mansfield. La campaña finalmente no se llevó a cabo y las tiras quedaron guardadas en un cajón hasta que al año siguiente del semanario Primera Plana le pide una historieta y el 29 de septiembre se publican por primera ocasión las aventuras de Mafalda, personaje icónico del siglo XX y recuerdo entrañable para muchas generaciones.
El 25 de junio del 73 aparece la tira con la cual Quino se despide de la publicación de Mafalda, sin embargo se mantenía en ediciones en otros países, tanto como tira como compilada en libros y traducida a diversos idiomas. El hambre de los fans de la querida Mafalda era bastante, de manera que en Argentina empezaron a producirse algunos cortos basados en las tiras, que finalmente en 1981 fueron compilados para realizar un largometraje dirigido por Carlos D. Márquez, del cual no he encontrado mayor información o registro de su obra.
La película en sí no cuenta una historia como tal, pues como ya se dijo es una serie de animaciones de las tiras, aunque no por ello desmerece el espíritu de la historieta ni de la pequeña filósofa de lo cotidiano que es Mafalda, de quien alguna vez dijera Cortázar: “Lo importante no es lo que yo piense de Mafalda, sino lo que ella piense de mi”.
La película, que en el lejano tiempo del coleccionismo VHS era una de las joyas más complicadas de conseguir, se puede adquirir ahora con bastante facilidad en las tiendas de video, igual que en You Tube y algunos servidores de descarga, aunque lo más recomendable para disfrutarla a plenitud es tener la original.
En Todohistorietas hay un artículo muy bueno sobre la película y se pueden ver algunos fragmentos de la misma, así como de las animaciones posteriores que hiciera Juan Padrón, que son también estupendas. Para conocer o adentrarse más en el personaje, les recomiendo visitar El mundo de Mafalda, y obviamente hay que darse una buena zambullida en la web oficial del creador, el enorme Quino.
Y bien, les dejo la parte inicial de la cinta, que la disfruten.



Mafalda (La película). Argentina, 1979
Dir: Carlos Márquez
Música: Riz Ortolani
Producción: Daniel Mallo
Guión: Alberto Cabado
Reparto:Susana Klein (Mafalda)Cecilia Gispert (Guille y Felipe)Nelly Hering (Mamá)Oscar Silva (Papá)Paqui Balaguer (Manolito)Susana Sisto (Susanita)María del Pilar Lebrón Marta Olivan Haydeé Lesker

viernes, 19 de diciembre de 2008

Fray Don Juan


-¡Melchor!, ¿qué me toca hoy?
–Entierro, señor.
Qué precisa, hermosa manera del maestro Garcés para describirse indirectamente como el incansable tigre; el irredento; el inagotable; el ejemplo y gurú de todo aspirante a latin lover que trate de hacerse respetar… lástima que en esta cinta no termina con ninguna (doble lástima, porque en el grupo se encuentra Lorenita Velázquez, delirio de mis delirios, ¡ay!).
Corría el año de 1969 y dos películas -Modisto de señoras y Departamento de soltero- daban cuenta de la voracidad amatoria y enorme sentido del humor del Zorro plateado cuando a René Cardona se le ocurrió ponerlo frente a un espejo en negativo, ¿qué sucedería si el lado anverso de la moneda de nuestro máximo seductor de repente se manifestara para echar a perder la diversión? Pues eso es la premisa de Fray Don Juan, donde Juan I es un destrampado seductor que se bebe unos cocteles preparados en copas de unos 2 litros de capacidad y organiza orgías de mucho ambiente en su casa, en tanto Juan II es un cura agobiado porque a mitad de la misa (que de acuerdo a la historia se celebra en Roma, aunque sospechosamente la audiencia está formada por puros paisanos) le da por hacer strip tease en el púlpito. Hasta ahí la cosa bien y divertida, el problema es que a Juan I le da por ponerse bíblico cuando ya todos los convidados a la fiesta están en paños menores y les corre a punta de versículos bíblicos.
Con enorme carga moralista el director le marca el alto al personaje de Garcés, al extremo de que hacia el final del filme el seductor se arrepiente muy fácilmente y se enlista en la legión extranjera para dedicarse a la más cristiana tarea de hacer la guerra y no el amor. No por ello, cabe destacarlo, decae el humor en esta gran comedia en la que Luis Manuel Pelayo interpreta al sirviente de don Mauricio y lo hace con un talento y una química genial que por fortuna habría de repetirse en al menos un par ocasiones más, con lo que nos brindaron la oportunidad de ver uno de esos extraños casos en que el patiño se encuentra a la altura del protagonista.
Con este muy breve comentario me despido por este año, agradecido por la respuesta que han dado a este blog que de ser un espacio prácticamente para los cuates ya ha subido el nivel de lectura, vamos, sigue siendo muy discreto, pero gracias a ustedes ya me conocen más allá de mi casa, jejeje.
Espero poder contar con su amable lectura y comentarios el año entrante, por acá nos leemos recién empiece el 2009
En tanto, los dejo con unos extractos de la grandiosa cinta que nos ocupa.
(Y por cierto, se consigue con facilidad en cualquier mediana tienda de video, bajo la colección México en pantalla.)








Fray don Juan. México, 1969
Dir. René Cardona Jr.
Guión: René Cardona Jr.
Música: Gustavo César carrión
Fotografía: Alex Philips Jr.
Edición: Alfredo Rosas Priego
Con: Mauricio Garcés; Luis Manuel Pelayo; Lorena Velázquez; Gina Romand

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Vidita Negra

Una característica poco comentada a pesar de que es punto común en las aventuras del gran Zorro Plateado, es que por muy Casanova que fuera, su comportamiento jamás pasaba a ser inmoral y al final de sus cintas todo se resolvía dejando la vida de seductor para quedarse con el verdadero amor de su vida, aún en las que más mujeres hace pedazos, como Modisto de señoras, Click, fotógrafo de modelos y Fray Don Juan. En Vidita negra, encima de monógamo es una especie de asceta al que el amor le cae a domicilio, literalmente.
Basada en la obra de teatro de François Campaux (quien la aprovechó al máximo, antes de ser película ya había sido puesta en escena con el propio Garcés en el rol estelar y después la llevo a convertirse en versiones cinematográficas en Grecia (Agapi mou Oua-Oua, Giannis Dalianidis, 1974) e Italia (Tesoro mio, Giulio Paradisi, 1979), cuenta la historia de Enrique Naró, novelista que tras un inicio arrollador, se encuentra en una etapa de profundo estancamiento creativo, fuertes deudas económicas y la presión de una esposa tan histérica como banal (Kikis Herrera Calles). Las cosas empiezan a cambiar con llegada de la nueva sirvienta, una hermosa joven de color proveniente de las Islas Balicú llamada Vidita Auauu (interpretada por la bellísima Robertha), cuyo arribo da el pretexto a la mujer de Naró para abandonarlo e irse con su mejor amigo y editor. Dadas las circunstancias, el autor cae en la depresión, pero la presencia radiante de Vidita lo llevará a levantarse, escribir una nueva obra maestra y cambiar su perspectiva del mundo.
La película, pese a la aparente forma descuidada de dirigir de Rogelio A. González consigue atrapar por la interpretación del Maestro Garcés, correcto como en todo momento, así como por la presencia embelesante de Robertha, una cantante peruana que en su tiempo ganó el concurso de “La morena más bella del Perú” y que tenía la virtud de imprimir una fuerte intensidad a sus interpretaciones, aunque en muchos de los casos la letra de las canciones fuese bastante cursi. Pues si, ella es responsable del encanto y de que no pueda ver objetivamente la película, pues siempre termino un poco enamorado de sus mejillas de conejito. Ayuda también, cabe decirlo, el abuso endulcorante de la música de fondo de Arturo Castro y las actuaciones secundarias de Raúl Chato Padilla como un abogado permanentemente ebrio y Héctor Herrera como un delirante empleado de casino que hace un lento strip tease mientras informa a Naró que ha recibido una herencia.
González no se interesó porque en la adaptación del libreto se modificara al lenguaje del cine y la mayor parte de las escenas son plano secuencias en espacios cerrados o emplazamientos muy elementales, lo cual no implica una exploración, sino todo lo contrario. Pese a todo, Vidita negra es seguramente una de sus mejores películas y una cumbre de Don Mauricio Garcés, para ver sin prejuicios y disfrutar y disfrutar con esta comedia tan ligera como hermosa.
La película no está disponible para descargar, pero es fácil de encontrar pues fue editada por Horizonte Films y se puede adquirir en los sitios de costumbre (Librería Ghandhi, Mixup) como en la red a través de Amazon.


Los dejo con dos escenas de la película, una con el maestro soportando a su mujer y otra conociéndose con Vidita.

Más aplausos para el Maestro, por favor.








Vidita Negra
México, 1971
Dir. Rogelio A. González
Guión: Mario Zacarías, sobre la obra Cherie Noire, de François Campaux
Fotografía: Mario Marzac
Producción: Miguel Zacarías
Música: Arturo Castro
Edición: Gloria Schoemann

martes, 18 de noviembre de 2008

No tiene la culpa el indio


Conforme se acercaban los años 80, el cine mexicano confirmaba su decadencia con una producción que además de escasa era por demás mediocre, de manera tal que a la comedia incluso tendría que habérsele levantado acta de defunción. El maestro Mauricio Garcés, como contaba en el post pasado, se había alejado desde inicios de los años 70 (en el 71 filmó seis películas, entre las que destacan las magníficas Vidita negra y Las tres perfectas casadas) de la pantalla grande al no encontrar un guión en que la vulgaridad no estuviera por encima del fino humor con que acostumbraba trabajar, hasta que en el 78 se decide a regresar al celuloide seducido por un guión que a la postre no explotaba en primer plano su rol de galán: No tiene la culpa el indio.
En esta, el maestro Garcés interpreta a un embaucador profesional que convence a un indígena de Xochimilco (Chucho Salinas) que tiene visiones clarividentes cuando ve piernas de muchacha bien formadas al grito de ¡Ay mamaciiita! de conjuntar las predicciones de este con la habilidad manipuladora del otro. La sociedad que conforman ambos pronto rinde frutos, pero también los hace presa de intereses mayores, así que se ven en una serie de enredos de los que saldrán más por suerte que por mérito propio.
Miguel M. Delgado, recordado principalmente por haber dirigido algunas de las mejores (Un día con el diablo; ¡A volar, joven!; El Sietemachos) como algunas de las más infames (El patruller 777, El barrendero) películas de Cantinflas, tuvo la suerte de encontrarse con un guión de la actriz argentina Reneé Dumas escrito con tanta inteligencia como humor, el cast obviamente no empataba con la línea del moralista Cantinflas, así que logró convencer a Don Mauricio para regresar con este interesante papel que le exigía interpretar a un personaje distinto a aquel que le hiciera ganar fama en las décadas anteriores, lo cual como es natural, consiguió. De igual manera, Chucho Salinas logra hacer de su personaje un indio bastante ladino, pero fuera de los clichés que tanto el cine como la televisión habían generado para estos. Y para terminar de redondear, la chica Garcés (mmmh, bueno, aunque no hay romance) en turno fue la hermosa Yolanda Liévana.
Destaca, por supuesto, el duelo de comedia que sostienen Salinas y Garcés, bastante equilibrado, sostenido con un pulso que no creo pueda ser tan atribuíble al director como a los propios actores, quienes sin una sola obscenidad gratuita, consiguen mantener al espectador al borde de la risa en todo momento.
La película es complicada de conseguir, de vez en cuando la programan en la televisión por cable, pero hasta donde sé no ha sido editada en video. En You Tube hay algunas escenas, de las cuales les presento tres a cual más de divertida.







Aplausos para el maestro

jueves, 6 de noviembre de 2008

Modisto de señoras


De entre los orgullos no reconocidos oficialmente de México, Mauricio Garcés es una figura preponderante, excepcional y única, toda vez que no generó (afortunadamente) escuela salvo por unos pocos y patéticos intentos de copia. Fue el verdadero playboy del tercer mundo.
Su carrera fílmica comenzó en 1951 con un discreto papel como doctor (rol que repetiría en varias ocasiones antes de figurar como seductor) en La muerte enamorada, de Ernesto Cortázar. Luego de esto continúa escalando poco a poco peldaños en melodramas y algunas cintas de cine fantástico, como El Barón del terror, La llorona y El mundo de los vampiros. Es hasta 1966 que Angélica Ortiz le otorga la confianza para protagonizar Don Juan 67, abriendo con ello la puerta para que el actor desarrollara su potencia como uno de los mejores comediantes del cine mexicano.
Dos años más tarde madura la imagen del Casanova mexicano con Modisto de señoras, donde interpreta a Maurice, un diseñador de moda que sufre una rara especie de sexismo, pues debe fingir que es gay para asegurar la confianza tanto de sus clientes como de la competencia, representada por la terna de Mao, Antoine y Perugino (Carlos Nieto, Hugo Goodman y Enrique Rocha, respectivamente), quienes arman un plan para demostrar que en realidad Maurice no es homosexual, lo cual, de ser comprobado, destruirá su carrera. Caso complicado, pues deberá salir airoso de la trampa sin dejar de seducir a las múltiples y muy bellas mujeres que caen en sus manos.
Hay un encanto especial en esta –como en el resto de sus comedias como galán- pues se siente un halo de franca cahondería en toda la cinta sin caer en un solo momento en la vulgaridad, cosa que el maestro siempre cuidó e incluso lo llevo a dejar de aceptar papeles, pues todo lo que le era presentado iba por el camino fácil en lugar de esa línea fina que junto a su ingenio verbal le distinguió siempre.
En un país donde la figura del galán se perdió tras el declive del cine ranchero y en este siempre se explotó la imagen del macho viril, parco y violento, Garcés se presentó como la renovación del hombre envuelto en un halo seductor cosmopolita no igualado en toda América Latina, prototipo de aquello que la ventolera de los años sesenta y setenta nos mostraba pero no alcanzó a ser realidad en esta parte del continente.
¡Mauricio Garcés vive, la seducción sigue y sigue!

Existe muy poca información sobre el maestro Garcés y sus películas en internet, las consabidas de imdb y Wikipedia, así como un espacio en Más de cien años de cine mexicano y el weblog Don Mauricio Garcés -que en verdad se esfuerza por homenajear y difundir al Zorro Plateado en la dimensión que se merece- son lo más destacado.
La película es fácil de conseguir, pues recientemente fue lanzada dentro de la colección ¡Vive México! y encima de ello, a un precio bastante económico.

Les dejo un trailer de Modisto de señoras y, por favor, no se repriman de pararse a aplaudir cuando terminen de verlo.
Modisto de señoras. México, 1968
Dirección: René Cardona, Jr.
Guión: Fernando Galiana y René Cardona, Jr.; adaptación: Fernando Galiana
Fotografía: José Ortiz Ramos
Vestuario: Rubén Maytorena
Música: Gustavo César Carrión; temas musicales: Ernesto Cortázar, Jr.
Edición: Alfredo Rosas Priego

martes, 28 de octubre de 2008

Maratón de horror

Como resultado de un proyecto que por el momento se ha visto aplazado, me pidieron que programara un maratón de cine de horror para estas fechas en que la banalización de la tradición céltica dio pie a que los norteamericanos instituyeran el halloween, extendido ahora a gran parte del mundo. Lo único bueno del asunto es que la celebración da pie a exaltar el cine de horror. Luego de voltearme la cabeza un rato y con la idea fija de que toda selección sería terriblemente exclusiva, me incliné por escoger cuatro obras de países cuya producción es representativa para la historia del género (y si, también así me faltaron varios), el resultado se presentará en el Cine Teatro Alameda de la Ciudad de San Luis Potosí, en México, el próximo 31 de octubre a partir de las 6 de la tarde.
Los no invitados
(4 Inyong shiktak) Dir. Lee Soo-youn
Corea del sur, 2003

Adquirí esta cinta no tan animado por el hecho de ver otra historia de fantasmas orientales, como para despejar la duda de por qué tras año y medio de lectura de guiones después de hacer My sassy girl, la hermosa Jun Ji-Hyun (aquí en los créditos como Gianna Jun) se había inclinado por esta propuesta. Y el resultado es obvio, una cinta lenta, pero muy consistente que nos mete la melancolía a la par que el miedo en las venas. Corea del sur, lo digo abiertamente, debe ser nombrada a la brevedad como la nueva Meca del cine.
Les dejo un fragmento que, como toda la película, no puede ser sino descrito como de escalofriante belleza:



Alucarda, la hija de las tinieblas
Dir. Juan López Moctezuma
México, 1975

¡Oh, Alucarda! Satanismo, blasfemia, desnudez, nunsploitation, delirio y el movimiento pánico llevado a terrenos donde Jodorowsky no se hubiera atrevido. Esta es defintivamente una de las joyas de la corona del horror en México, pese a que precisamente aquí la obra de López Moctezuma ha sido pobremente difundida, seguramente porque para la industria mexicana (o lo que quedaba de ella) su cine resultaba excesivo. En You tube encontré este trailer casero -muy bueno, vale decirlo- en el que incluso se les olvida doblar las voces durante un momento:




Las siete puertas del infierno
(E tu vivrai nel terrore / L'aldilà) Dir. Lucio Fulci
Italia, 1981

La mejor película de Lucio Fulci cuenta la historia de una desafortunada mujer que hereda un hotel... construido sobre una de las siete puertas del infierno. Con esta base, el maestro italiano se prodiga en escenas horrendas y de una violencia tal que ha sido motivo de censura en varios países, y eso sin contar su final surrealista y desolador.



El despertar del diablo
(Evil dead / book of the dead) Dir. Sam Raimi
USA, 1980

Desde mi punto de vista, LA obra suprema del gore. Sam Raimi demostró que una cinta de horror extrema podía presentar un planteamiento estético de altura; que el gore va unido a la comedia de una forma bizarra; que con un presupuesto ridículo se puede hacer algo creíble y visualmente impresionante y que una cinta de género puede generar culto aún entre los más puristas. Entre otras virtudes.