miércoles, 3 de diciembre de 2008

Vidita Negra

Una característica poco comentada a pesar de que es punto común en las aventuras del gran Zorro Plateado, es que por muy Casanova que fuera, su comportamiento jamás pasaba a ser inmoral y al final de sus cintas todo se resolvía dejando la vida de seductor para quedarse con el verdadero amor de su vida, aún en las que más mujeres hace pedazos, como Modisto de señoras, Click, fotógrafo de modelos y Fray Don Juan. En Vidita negra, encima de monógamo es una especie de asceta al que el amor le cae a domicilio, literalmente.
Basada en la obra de teatro de François Campaux (quien la aprovechó al máximo, antes de ser película ya había sido puesta en escena con el propio Garcés en el rol estelar y después la llevo a convertirse en versiones cinematográficas en Grecia (Agapi mou Oua-Oua, Giannis Dalianidis, 1974) e Italia (Tesoro mio, Giulio Paradisi, 1979), cuenta la historia de Enrique Naró, novelista que tras un inicio arrollador, se encuentra en una etapa de profundo estancamiento creativo, fuertes deudas económicas y la presión de una esposa tan histérica como banal (Kikis Herrera Calles). Las cosas empiezan a cambiar con llegada de la nueva sirvienta, una hermosa joven de color proveniente de las Islas Balicú llamada Vidita Auauu (interpretada por la bellísima Robertha), cuyo arribo da el pretexto a la mujer de Naró para abandonarlo e irse con su mejor amigo y editor. Dadas las circunstancias, el autor cae en la depresión, pero la presencia radiante de Vidita lo llevará a levantarse, escribir una nueva obra maestra y cambiar su perspectiva del mundo.
La película, pese a la aparente forma descuidada de dirigir de Rogelio A. González consigue atrapar por la interpretación del Maestro Garcés, correcto como en todo momento, así como por la presencia embelesante de Robertha, una cantante peruana que en su tiempo ganó el concurso de “La morena más bella del Perú” y que tenía la virtud de imprimir una fuerte intensidad a sus interpretaciones, aunque en muchos de los casos la letra de las canciones fuese bastante cursi. Pues si, ella es responsable del encanto y de que no pueda ver objetivamente la película, pues siempre termino un poco enamorado de sus mejillas de conejito. Ayuda también, cabe decirlo, el abuso endulcorante de la música de fondo de Arturo Castro y las actuaciones secundarias de Raúl Chato Padilla como un abogado permanentemente ebrio y Héctor Herrera como un delirante empleado de casino que hace un lento strip tease mientras informa a Naró que ha recibido una herencia.
González no se interesó porque en la adaptación del libreto se modificara al lenguaje del cine y la mayor parte de las escenas son plano secuencias en espacios cerrados o emplazamientos muy elementales, lo cual no implica una exploración, sino todo lo contrario. Pese a todo, Vidita negra es seguramente una de sus mejores películas y una cumbre de Don Mauricio Garcés, para ver sin prejuicios y disfrutar y disfrutar con esta comedia tan ligera como hermosa.
La película no está disponible para descargar, pero es fácil de encontrar pues fue editada por Horizonte Films y se puede adquirir en los sitios de costumbre (Librería Ghandhi, Mixup) como en la red a través de Amazon.


Los dejo con dos escenas de la película, una con el maestro soportando a su mujer y otra conociéndose con Vidita.

Más aplausos para el Maestro, por favor.








Vidita Negra
México, 1971
Dir. Rogelio A. González
Guión: Mario Zacarías, sobre la obra Cherie Noire, de François Campaux
Fotografía: Mario Marzac
Producción: Miguel Zacarías
Música: Arturo Castro
Edición: Gloria Schoemann

martes, 18 de noviembre de 2008

No tiene la culpa el indio


Conforme se acercaban los años 80, el cine mexicano confirmaba su decadencia con una producción que además de escasa era por demás mediocre, de manera tal que a la comedia incluso tendría que habérsele levantado acta de defunción. El maestro Mauricio Garcés, como contaba en el post pasado, se había alejado desde inicios de los años 70 (en el 71 filmó seis películas, entre las que destacan las magníficas Vidita negra y Las tres perfectas casadas) de la pantalla grande al no encontrar un guión en que la vulgaridad no estuviera por encima del fino humor con que acostumbraba trabajar, hasta que en el 78 se decide a regresar al celuloide seducido por un guión que a la postre no explotaba en primer plano su rol de galán: No tiene la culpa el indio.
En esta, el maestro Garcés interpreta a un embaucador profesional que convence a un indígena de Xochimilco (Chucho Salinas) que tiene visiones clarividentes cuando ve piernas de muchacha bien formadas al grito de ¡Ay mamaciiita! de conjuntar las predicciones de este con la habilidad manipuladora del otro. La sociedad que conforman ambos pronto rinde frutos, pero también los hace presa de intereses mayores, así que se ven en una serie de enredos de los que saldrán más por suerte que por mérito propio.
Miguel M. Delgado, recordado principalmente por haber dirigido algunas de las mejores (Un día con el diablo; ¡A volar, joven!; El Sietemachos) como algunas de las más infames (El patruller 777, El barrendero) películas de Cantinflas, tuvo la suerte de encontrarse con un guión de la actriz argentina Reneé Dumas escrito con tanta inteligencia como humor, el cast obviamente no empataba con la línea del moralista Cantinflas, así que logró convencer a Don Mauricio para regresar con este interesante papel que le exigía interpretar a un personaje distinto a aquel que le hiciera ganar fama en las décadas anteriores, lo cual como es natural, consiguió. De igual manera, Chucho Salinas logra hacer de su personaje un indio bastante ladino, pero fuera de los clichés que tanto el cine como la televisión habían generado para estos. Y para terminar de redondear, la chica Garcés (mmmh, bueno, aunque no hay romance) en turno fue la hermosa Yolanda Liévana.
Destaca, por supuesto, el duelo de comedia que sostienen Salinas y Garcés, bastante equilibrado, sostenido con un pulso que no creo pueda ser tan atribuíble al director como a los propios actores, quienes sin una sola obscenidad gratuita, consiguen mantener al espectador al borde de la risa en todo momento.
La película es complicada de conseguir, de vez en cuando la programan en la televisión por cable, pero hasta donde sé no ha sido editada en video. En You Tube hay algunas escenas, de las cuales les presento tres a cual más de divertida.







Aplausos para el maestro

jueves, 6 de noviembre de 2008

Modisto de señoras


De entre los orgullos no reconocidos oficialmente de México, Mauricio Garcés es una figura preponderante, excepcional y única, toda vez que no generó (afortunadamente) escuela salvo por unos pocos y patéticos intentos de copia. Fue el verdadero playboy del tercer mundo.
Su carrera fílmica comenzó en 1951 con un discreto papel como doctor (rol que repetiría en varias ocasiones antes de figurar como seductor) en La muerte enamorada, de Ernesto Cortázar. Luego de esto continúa escalando poco a poco peldaños en melodramas y algunas cintas de cine fantástico, como El Barón del terror, La llorona y El mundo de los vampiros. Es hasta 1966 que Angélica Ortiz le otorga la confianza para protagonizar Don Juan 67, abriendo con ello la puerta para que el actor desarrollara su potencia como uno de los mejores comediantes del cine mexicano.
Dos años más tarde madura la imagen del Casanova mexicano con Modisto de señoras, donde interpreta a Maurice, un diseñador de moda que sufre una rara especie de sexismo, pues debe fingir que es gay para asegurar la confianza tanto de sus clientes como de la competencia, representada por la terna de Mao, Antoine y Perugino (Carlos Nieto, Hugo Goodman y Enrique Rocha, respectivamente), quienes arman un plan para demostrar que en realidad Maurice no es homosexual, lo cual, de ser comprobado, destruirá su carrera. Caso complicado, pues deberá salir airoso de la trampa sin dejar de seducir a las múltiples y muy bellas mujeres que caen en sus manos.
Hay un encanto especial en esta –como en el resto de sus comedias como galán- pues se siente un halo de franca cahondería en toda la cinta sin caer en un solo momento en la vulgaridad, cosa que el maestro siempre cuidó e incluso lo llevo a dejar de aceptar papeles, pues todo lo que le era presentado iba por el camino fácil en lugar de esa línea fina que junto a su ingenio verbal le distinguió siempre.
En un país donde la figura del galán se perdió tras el declive del cine ranchero y en este siempre se explotó la imagen del macho viril, parco y violento, Garcés se presentó como la renovación del hombre envuelto en un halo seductor cosmopolita no igualado en toda América Latina, prototipo de aquello que la ventolera de los años sesenta y setenta nos mostraba pero no alcanzó a ser realidad en esta parte del continente.
¡Mauricio Garcés vive, la seducción sigue y sigue!

Existe muy poca información sobre el maestro Garcés y sus películas en internet, las consabidas de imdb y Wikipedia, así como un espacio en Más de cien años de cine mexicano y el weblog Don Mauricio Garcés -que en verdad se esfuerza por homenajear y difundir al Zorro Plateado en la dimensión que se merece- son lo más destacado.
La película es fácil de conseguir, pues recientemente fue lanzada dentro de la colección ¡Vive México! y encima de ello, a un precio bastante económico.

Les dejo un trailer de Modisto de señoras y, por favor, no se repriman de pararse a aplaudir cuando terminen de verlo.
Modisto de señoras. México, 1968
Dirección: René Cardona, Jr.
Guión: Fernando Galiana y René Cardona, Jr.; adaptación: Fernando Galiana
Fotografía: José Ortiz Ramos
Vestuario: Rubén Maytorena
Música: Gustavo César Carrión; temas musicales: Ernesto Cortázar, Jr.
Edición: Alfredo Rosas Priego

martes, 28 de octubre de 2008

Maratón de horror

Como resultado de un proyecto que por el momento se ha visto aplazado, me pidieron que programara un maratón de cine de horror para estas fechas en que la banalización de la tradición céltica dio pie a que los norteamericanos instituyeran el halloween, extendido ahora a gran parte del mundo. Lo único bueno del asunto es que la celebración da pie a exaltar el cine de horror. Luego de voltearme la cabeza un rato y con la idea fija de que toda selección sería terriblemente exclusiva, me incliné por escoger cuatro obras de países cuya producción es representativa para la historia del género (y si, también así me faltaron varios), el resultado se presentará en el Cine Teatro Alameda de la Ciudad de San Luis Potosí, en México, el próximo 31 de octubre a partir de las 6 de la tarde.
Los no invitados
(4 Inyong shiktak) Dir. Lee Soo-youn
Corea del sur, 2003

Adquirí esta cinta no tan animado por el hecho de ver otra historia de fantasmas orientales, como para despejar la duda de por qué tras año y medio de lectura de guiones después de hacer My sassy girl, la hermosa Jun Ji-Hyun (aquí en los créditos como Gianna Jun) se había inclinado por esta propuesta. Y el resultado es obvio, una cinta lenta, pero muy consistente que nos mete la melancolía a la par que el miedo en las venas. Corea del sur, lo digo abiertamente, debe ser nombrada a la brevedad como la nueva Meca del cine.
Les dejo un fragmento que, como toda la película, no puede ser sino descrito como de escalofriante belleza:



Alucarda, la hija de las tinieblas
Dir. Juan López Moctezuma
México, 1975

¡Oh, Alucarda! Satanismo, blasfemia, desnudez, nunsploitation, delirio y el movimiento pánico llevado a terrenos donde Jodorowsky no se hubiera atrevido. Esta es defintivamente una de las joyas de la corona del horror en México, pese a que precisamente aquí la obra de López Moctezuma ha sido pobremente difundida, seguramente porque para la industria mexicana (o lo que quedaba de ella) su cine resultaba excesivo. En You tube encontré este trailer casero -muy bueno, vale decirlo- en el que incluso se les olvida doblar las voces durante un momento:




Las siete puertas del infierno
(E tu vivrai nel terrore / L'aldilà) Dir. Lucio Fulci
Italia, 1981

La mejor película de Lucio Fulci cuenta la historia de una desafortunada mujer que hereda un hotel... construido sobre una de las siete puertas del infierno. Con esta base, el maestro italiano se prodiga en escenas horrendas y de una violencia tal que ha sido motivo de censura en varios países, y eso sin contar su final surrealista y desolador.



El despertar del diablo
(Evil dead / book of the dead) Dir. Sam Raimi
USA, 1980

Desde mi punto de vista, LA obra suprema del gore. Sam Raimi demostró que una cinta de horror extrema podía presentar un planteamiento estético de altura; que el gore va unido a la comedia de una forma bizarra; que con un presupuesto ridículo se puede hacer algo creíble y visualmente impresionante y que una cinta de género puede generar culto aún entre los más puristas. Entre otras virtudes.



jueves, 16 de octubre de 2008

Los ladrones viejos

La noche del lunes 13 de octubre una noticia en apariencia menor, la detención de un ladrón a domicilio, llamó la atención de algunos televidentes a quienes sorprendió la historia de un personaje que había asaltado, entre muchos otros, a dos de los ex presidentes recordados con más repudio de México, otros pudimos reconocerlo facilmente, se trataba de El Carrizos, personaje central del documental Los ladrones viejos, de Everardo González, que hace poco se estrenó en video.

Lo detuvieron in fraganti y se le acusa de robo con violencia, algo que contrasta por completo conn el código de ética personal que comenta en la película, quien sabe si la acusación sea cierta, pero por haberle despojado un poco de lomucho que nos quitaron a varios políticos despreciables merece antes que juzgarlo, ser condecorado.

Everardo González, quien demostró gran capacidad para contarnos la cotidianeidad de personajes entrañables con sus andanzas en la pulquería La Pirata dentro de su ópera prima La canción del pulque, de 2003, repite el encanto con mejores resultados en este documental donde cinco ancianos narran con nostalgia los tiempos en que hasta dentro de los ladrones había clases: sus códigos de honor; el paso por las calles de la Ciudad de México; la convivencia con su gente; la omnipresente corrupción policiaca.

Como suele suceder, Los ladrones viejos no ha tenido una corrida comercial adecuada en el interior del país -en San Luis Potosí ni siquiera se ha anunciado- pese a los múltiples reconocimentos con que ha sido galardonada y la fuerte atracción que ejercen sus personajes hacia el espectador desde los primeros minutos, como sucede con la personalidad de Efraín Alcaráz, El Carrizos, misma que se ve reflejada de nuevo en el desparpajo mostrado ante las cámaras que le rodeaban como a una estrella del espectáculo en esta su reciente detención, como testimonia una nota aparecida en el diario La Jornada (redactada de una manera bastante sangrona, cabe decir), que en un párrafo dice:
Esta extensión del documental fuera del celuloide tuvo lugar el pasado martes, en la sala de prensa de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, donde un reportero de televisión reconoció al famoso ladrón y le preguntó por qué había caído tan bajo si llegó hacer el Rey de los Zorreros, a lo que respondió: “me deberías de pagar por la entrevista”. El reportero le preguntó cuánto cobraba, y El Carrizos dijo: “Si son preguntas tan pendejas como las que me estás haciendo, gratis”.

Nunca es lo mejor que una película llame la atención por causas exteriores a su propio valor artístico, sin embargo y dada la eterna sombra siniestra de distribuidoras y exhibidoras mexicanas, ojalá que el caso Carrizos sirva para que la gente se asome a esta obra cinematográfica. Los ladrones viejos se puede conseguir facilmente en DVD en tiendas de video. Les dejo aquí un texto publicado en Excelsior donde González habla del génesis de esta cinta y finalmente, el trailer de la misma y un extracto, la parte donde El Carrizos cuenta el asalto a la casa del genocida Luis Echeverría:











lunes, 29 de septiembre de 2008

El audaz


A finales de los años 80 mi padre, destacado jugador de billar que me estaba enseñando los secretos de este deporte, tuvo la feliz idea de que podía complementar sus clases con mi incipiente amor por el cine a través de una película memorable que desde entonces es mi favorita de entre las que hizo Paul Newman: El Audaz.

En 1958 la fama llegó para el joven egresado del Actor’s Studio Paul Newman, con películas que mostraban de lo que era capaz: Un largo y caluroso verano, de Martin Ritt; El zurdo, de Arthur Penn y sobre todo Una gata en el tejado caliente, de Richard Brooks. El cine acababa de descubrir un talento que ahora sabemos es irrepetible.
Ya para 1961 era muy solicitado en Hollywood, de manera que en primera instancia declinó interpretar al jugador de pool Fast Eddie Felsen en el proyecto de El audaz (The Hustler), que sería dirigido por Robert Rossen, pues estaba a punto de iniciar el rodaje de otra cinta al lado de Elizabeth Taylor; sin embargo la diva tuvo que posponer éste para la filmación de Cleopatra y Newman pudo tomar el rol ya que afortunadamente Jack Lemmon no lo había aceptado. Así, el histrión pudo entregarnos una de las actuaciones más memorables de la historia.
Eddie el rápido no es héroe de manera alguna, su modus vivendi radica en ir haciendo apuestas en salones de billar de ciudad en ciudad con su socio y figura paterna, a quien sin embargo no le importa abandonar sin despedirse tras ser derrotado por un legendario jugador llamado Minnesota Fats. En el momento en que sin darse cuenta se abre de corazón ante su amante Sarah la única respuesta que se le ocurre cuando ella le dice “Te amo” es “¿Tengo que decir las palabras?” e incluso hacia el final, cuando la tragedia ha terminado de posarse en su descuadrada vida la vacuidad parece ser su propia elección de vida.
La película en sí es un logro de Rossen, pero destaca por la magnificencia de las actuaciones, en efecto es una de las mejores actuaciones de Newman, pero también lo es de George C. Scott como el vividor Bert Gordon; de Piper Laurie como la frágil y solitaria Sarah Packard; de Jackie Gleason como el imponente Minnesota Fats y de Myron McCormick como el decadente socio de Eddie, Charlie Burns. Sobre el soporte de estos talentos Newman entrega lo mejor de sí utilizando sus mejores recursos, una personalidad magnética que podía robarse la escena con un sólo movimiento y una pasmosa facilidad interpretativa.
Lee Strasberg dijo del actor que hubiese podido ser tan bueno como Marlon Brando si no fuera tan bien parecido, ya que en varias de sus películas dejaba descansar su talento innato supliéndolo con sus atributos físicos. En El audaz por fortuna no sucede así y por ello ha trascendido como un clásico frecuentemente citada en las listas de las mejores cintas de deportes, las mejores del cine norteamericano y naturalmente en las de mejores interpretaciones. Con esta fue nominado por segunda vez al Oscar como mejor actor, reconocimiento que le fue negado en muchas ocasiones y que finalmente obtuvo por partida doble en años consecutivos, en 1986 con ese premio de consolación con que la Academia estadounidense busca tapar sus omisiones llamado Oscar honorario y en 1987 por mérito propio -y curiosamente interpretando de nuevo a Fast Eddie Felsen- en El color del dinero, una de las películas más flojas de Martin Scorsese.
Paul Newman será recordado como una de las grandes leyendas, justo reconocimiento para un hombre que nos entregó varios de los momentos inmortales de la historia del cine.

La película se consigue fácilmente, pues hace poco fue editada en la colección Studio Classics de la Twentieth Century Fox y en eMule se encuentra bajo su título original sin subtítulos o doblada al español con el nombre que se le dio en España, El buscavidas.

Les dejo una escena del primer encuentro entre Eddie y Minnesota Fats.



El Audaz. (The Hustler) USA, 1961
Dir. Robert Rossen
Guión: Robert Rossen & Sidney Carroll, sobre la novella de Walter Trevis
Fotografía: Eugen Shufftän
Edición: Dede Allen
Música: Kenyon Hopkins
Con: Paul Newman, Jackie Gleason, George C. Scott, Piper Laurie, Myron McCormick, Murray Hamilton, Vincent Gardenia, Michael Constantine

martes, 16 de septiembre de 2008

Gabardinas, detectives y mujeres en apuros

Siguiendo con la serie de ciclos de cine clásico, el Cine Teatro Alameda de San Luis Potosí presenta del 22 al 28 de septiembre el dedicado al Noir, género creado en los Estados Unidos que aborda por lo general un hecho delictivo, un detective antihéroe y una hermosa mujer en apuros que o es una blanca paloma o una pantera feroz. Se trata de un cine muy estilizado, donde el uso de las luces se convierte en parte del propio lenguaje de la cinta y el nivel de involucramiento del público con los personajes se eleva hasta sentirnos parte activa en la trama. estas son las películas que se proyectarán:

El halcón maltés (The maltese falcon) John Houston, 1941
El material del que están hechos los sueños. Basada en la novela del mismo nombre publicada por Dashiell Hammet, esta adaptación a pesar de ser ya la tercera que se realizaba para la pantalla grande, es calificada como la iniciadora del cine negro. Humprey Bogart está insuperable en su papel de Sam Spade, taciturno y cínico detective que se ve enredado por la aparentemente inocente señora O'Shaugnessy -interpretado magistralmente por Mary Astor- en una persecución a nivel internacional de la legendaria estatuilla de El halcón maltés. Entre los villanos destaca la siempre grata presencia de Peter Lorre.


El tercer hombre (The third man) Carol Reed, 1949
Originalmente se le planteó a ese tipejo que sin embargo era buen escritor llamado Graham Greene que realizara un guión sobre el ambiente en la Viena posterior a la primera guerra mundial, sin embargo este se negó a hacerlo alegando que primero tendría que escribir una novela para lego transformarla en guión, finalmente se hizo de esta manera y hasta él tuvo que reconocer que el guión cinematografico resultó superior a la novela. De cualquier manera, Sir Carol Reed se encargó de que el resultado final fuese de una magnitud impresionante, estamos ante una película en la que cada elemento es grandioso, no por nada ha sido calificada como una de las mejores de la cinematografía británica.


El ocaso de una estrella (Sunset Blvd.) Billy Wilder, 1950
Una de las escenas finales más impactantes de la historia del cine en general se la debemos a la enorme Gloria Swanson en una de las obras cumbres de Billy Wilder, una extraña historia de pasión y crímen que a la vez es una mirada cruel y corrosiva sobre el viejo sistema de estudios norteamericano y las estrellas del cine mudo, el propio Erich Von Stroheim, uno de los legendarios directores de esa primera etapa, interpreta al apocado mayordomo de la ex estrella Norma Desmond, del cual nos enteramos más adelante que en realidad es el ex primer esposo de la Desmond y el hombre que la llevó a la fama. Imprescindible.


Casta de malditos (The killing) Stanley Kubrick, 1956
La sexta película de Stanley Kubrick se convirtió en la primera de una impresionante serie de obras maestras que lo colocaron para gusto de muchos (mío incluído) como el mejor director de todos los tiempos. Basado en la novela Clean Break, de Lionel White, Kubrick deconstruye la secuencia lineal de la narración para contarnos la historia de un asalto que debió resultar perfecto. Innovador en todo momento, el fallecido maestro ofrece una cátedra de cine negro.


Sed de mal (A touch of evil) Orson Welles, 1958
A los críticos que les encanta declarar inicios y finales de épocas les dio por marcar con la aparición de esta joya el término del ciclo del cine negro. Como muchas de las grandes del género (baste ver las cintas arriba mencionadas), esta se basó en una novela, ahora de Whit Masterson, que Welles convirtió en un auténtico tour de force (al menos como la conocemos ahora, ya que al inicio el estudio la reedito y cuentan que era un bodrio sin pies ni cabeza) que contó con las actuaciones de Charlton Heston, Janet Leigh, el propio Welles e incluso la diva alemana Marlene Dietrich.


El Samurai (Le Samourai) Jean Pierre Melville, 1967
También en París hace aire, cómo no, Y Jean Pierre Melville estuvo ahí para demostrarlo. Todo un hombre de culto, el director supo hacer grandes historias de manera personal y al mismo tiempo empatar con el agrado del público, en esta ocasión nos presenta a un silencioso asesino interpretado por Alain Delon cuyo código de honor se ha vuelto en contra y ahora sus jefes le persiguen para matarlo. Tan buena que ha dado pie a muchas películas de acción Hongkonesas... que luego sirvieron para ser imitadas por filmes gringos.





Barrio chino (Chinatown) Roman Polanski, 1974