jueves, 16 de octubre de 2008

Los ladrones viejos

La noche del lunes 13 de octubre una noticia en apariencia menor, la detención de un ladrón a domicilio, llamó la atención de algunos televidentes a quienes sorprendió la historia de un personaje que había asaltado, entre muchos otros, a dos de los ex presidentes recordados con más repudio de México, otros pudimos reconocerlo facilmente, se trataba de El Carrizos, personaje central del documental Los ladrones viejos, de Everardo González, que hace poco se estrenó en video.

Lo detuvieron in fraganti y se le acusa de robo con violencia, algo que contrasta por completo conn el código de ética personal que comenta en la película, quien sabe si la acusación sea cierta, pero por haberle despojado un poco de lomucho que nos quitaron a varios políticos despreciables merece antes que juzgarlo, ser condecorado.

Everardo González, quien demostró gran capacidad para contarnos la cotidianeidad de personajes entrañables con sus andanzas en la pulquería La Pirata dentro de su ópera prima La canción del pulque, de 2003, repite el encanto con mejores resultados en este documental donde cinco ancianos narran con nostalgia los tiempos en que hasta dentro de los ladrones había clases: sus códigos de honor; el paso por las calles de la Ciudad de México; la convivencia con su gente; la omnipresente corrupción policiaca.

Como suele suceder, Los ladrones viejos no ha tenido una corrida comercial adecuada en el interior del país -en San Luis Potosí ni siquiera se ha anunciado- pese a los múltiples reconocimentos con que ha sido galardonada y la fuerte atracción que ejercen sus personajes hacia el espectador desde los primeros minutos, como sucede con la personalidad de Efraín Alcaráz, El Carrizos, misma que se ve reflejada de nuevo en el desparpajo mostrado ante las cámaras que le rodeaban como a una estrella del espectáculo en esta su reciente detención, como testimonia una nota aparecida en el diario La Jornada (redactada de una manera bastante sangrona, cabe decir), que en un párrafo dice:
Esta extensión del documental fuera del celuloide tuvo lugar el pasado martes, en la sala de prensa de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, donde un reportero de televisión reconoció al famoso ladrón y le preguntó por qué había caído tan bajo si llegó hacer el Rey de los Zorreros, a lo que respondió: “me deberías de pagar por la entrevista”. El reportero le preguntó cuánto cobraba, y El Carrizos dijo: “Si son preguntas tan pendejas como las que me estás haciendo, gratis”.

Nunca es lo mejor que una película llame la atención por causas exteriores a su propio valor artístico, sin embargo y dada la eterna sombra siniestra de distribuidoras y exhibidoras mexicanas, ojalá que el caso Carrizos sirva para que la gente se asome a esta obra cinematográfica. Los ladrones viejos se puede conseguir facilmente en DVD en tiendas de video. Les dejo aquí un texto publicado en Excelsior donde González habla del génesis de esta cinta y finalmente, el trailer de la misma y un extracto, la parte donde El Carrizos cuenta el asalto a la casa del genocida Luis Echeverría:











lunes, 29 de septiembre de 2008

El audaz


A finales de los años 80 mi padre, destacado jugador de billar que me estaba enseñando los secretos de este deporte, tuvo la feliz idea de que podía complementar sus clases con mi incipiente amor por el cine a través de una película memorable que desde entonces es mi favorita de entre las que hizo Paul Newman: El Audaz.

En 1958 la fama llegó para el joven egresado del Actor’s Studio Paul Newman, con películas que mostraban de lo que era capaz: Un largo y caluroso verano, de Martin Ritt; El zurdo, de Arthur Penn y sobre todo Una gata en el tejado caliente, de Richard Brooks. El cine acababa de descubrir un talento que ahora sabemos es irrepetible.
Ya para 1961 era muy solicitado en Hollywood, de manera que en primera instancia declinó interpretar al jugador de pool Fast Eddie Felsen en el proyecto de El audaz (The Hustler), que sería dirigido por Robert Rossen, pues estaba a punto de iniciar el rodaje de otra cinta al lado de Elizabeth Taylor; sin embargo la diva tuvo que posponer éste para la filmación de Cleopatra y Newman pudo tomar el rol ya que afortunadamente Jack Lemmon no lo había aceptado. Así, el histrión pudo entregarnos una de las actuaciones más memorables de la historia.
Eddie el rápido no es héroe de manera alguna, su modus vivendi radica en ir haciendo apuestas en salones de billar de ciudad en ciudad con su socio y figura paterna, a quien sin embargo no le importa abandonar sin despedirse tras ser derrotado por un legendario jugador llamado Minnesota Fats. En el momento en que sin darse cuenta se abre de corazón ante su amante Sarah la única respuesta que se le ocurre cuando ella le dice “Te amo” es “¿Tengo que decir las palabras?” e incluso hacia el final, cuando la tragedia ha terminado de posarse en su descuadrada vida la vacuidad parece ser su propia elección de vida.
La película en sí es un logro de Rossen, pero destaca por la magnificencia de las actuaciones, en efecto es una de las mejores actuaciones de Newman, pero también lo es de George C. Scott como el vividor Bert Gordon; de Piper Laurie como la frágil y solitaria Sarah Packard; de Jackie Gleason como el imponente Minnesota Fats y de Myron McCormick como el decadente socio de Eddie, Charlie Burns. Sobre el soporte de estos talentos Newman entrega lo mejor de sí utilizando sus mejores recursos, una personalidad magnética que podía robarse la escena con un sólo movimiento y una pasmosa facilidad interpretativa.
Lee Strasberg dijo del actor que hubiese podido ser tan bueno como Marlon Brando si no fuera tan bien parecido, ya que en varias de sus películas dejaba descansar su talento innato supliéndolo con sus atributos físicos. En El audaz por fortuna no sucede así y por ello ha trascendido como un clásico frecuentemente citada en las listas de las mejores cintas de deportes, las mejores del cine norteamericano y naturalmente en las de mejores interpretaciones. Con esta fue nominado por segunda vez al Oscar como mejor actor, reconocimiento que le fue negado en muchas ocasiones y que finalmente obtuvo por partida doble en años consecutivos, en 1986 con ese premio de consolación con que la Academia estadounidense busca tapar sus omisiones llamado Oscar honorario y en 1987 por mérito propio -y curiosamente interpretando de nuevo a Fast Eddie Felsen- en El color del dinero, una de las películas más flojas de Martin Scorsese.
Paul Newman será recordado como una de las grandes leyendas, justo reconocimiento para un hombre que nos entregó varios de los momentos inmortales de la historia del cine.

La película se consigue fácilmente, pues hace poco fue editada en la colección Studio Classics de la Twentieth Century Fox y en eMule se encuentra bajo su título original sin subtítulos o doblada al español con el nombre que se le dio en España, El buscavidas.

Les dejo una escena del primer encuentro entre Eddie y Minnesota Fats.



El Audaz. (The Hustler) USA, 1961
Dir. Robert Rossen
Guión: Robert Rossen & Sidney Carroll, sobre la novella de Walter Trevis
Fotografía: Eugen Shufftän
Edición: Dede Allen
Música: Kenyon Hopkins
Con: Paul Newman, Jackie Gleason, George C. Scott, Piper Laurie, Myron McCormick, Murray Hamilton, Vincent Gardenia, Michael Constantine

martes, 16 de septiembre de 2008

Gabardinas, detectives y mujeres en apuros

Siguiendo con la serie de ciclos de cine clásico, el Cine Teatro Alameda de San Luis Potosí presenta del 22 al 28 de septiembre el dedicado al Noir, género creado en los Estados Unidos que aborda por lo general un hecho delictivo, un detective antihéroe y una hermosa mujer en apuros que o es una blanca paloma o una pantera feroz. Se trata de un cine muy estilizado, donde el uso de las luces se convierte en parte del propio lenguaje de la cinta y el nivel de involucramiento del público con los personajes se eleva hasta sentirnos parte activa en la trama. estas son las películas que se proyectarán:

El halcón maltés (The maltese falcon) John Houston, 1941
El material del que están hechos los sueños. Basada en la novela del mismo nombre publicada por Dashiell Hammet, esta adaptación a pesar de ser ya la tercera que se realizaba para la pantalla grande, es calificada como la iniciadora del cine negro. Humprey Bogart está insuperable en su papel de Sam Spade, taciturno y cínico detective que se ve enredado por la aparentemente inocente señora O'Shaugnessy -interpretado magistralmente por Mary Astor- en una persecución a nivel internacional de la legendaria estatuilla de El halcón maltés. Entre los villanos destaca la siempre grata presencia de Peter Lorre.


El tercer hombre (The third man) Carol Reed, 1949
Originalmente se le planteó a ese tipejo que sin embargo era buen escritor llamado Graham Greene que realizara un guión sobre el ambiente en la Viena posterior a la primera guerra mundial, sin embargo este se negó a hacerlo alegando que primero tendría que escribir una novela para lego transformarla en guión, finalmente se hizo de esta manera y hasta él tuvo que reconocer que el guión cinematografico resultó superior a la novela. De cualquier manera, Sir Carol Reed se encargó de que el resultado final fuese de una magnitud impresionante, estamos ante una película en la que cada elemento es grandioso, no por nada ha sido calificada como una de las mejores de la cinematografía británica.


El ocaso de una estrella (Sunset Blvd.) Billy Wilder, 1950
Una de las escenas finales más impactantes de la historia del cine en general se la debemos a la enorme Gloria Swanson en una de las obras cumbres de Billy Wilder, una extraña historia de pasión y crímen que a la vez es una mirada cruel y corrosiva sobre el viejo sistema de estudios norteamericano y las estrellas del cine mudo, el propio Erich Von Stroheim, uno de los legendarios directores de esa primera etapa, interpreta al apocado mayordomo de la ex estrella Norma Desmond, del cual nos enteramos más adelante que en realidad es el ex primer esposo de la Desmond y el hombre que la llevó a la fama. Imprescindible.


Casta de malditos (The killing) Stanley Kubrick, 1956
La sexta película de Stanley Kubrick se convirtió en la primera de una impresionante serie de obras maestras que lo colocaron para gusto de muchos (mío incluído) como el mejor director de todos los tiempos. Basado en la novela Clean Break, de Lionel White, Kubrick deconstruye la secuencia lineal de la narración para contarnos la historia de un asalto que debió resultar perfecto. Innovador en todo momento, el fallecido maestro ofrece una cátedra de cine negro.


Sed de mal (A touch of evil) Orson Welles, 1958
A los críticos que les encanta declarar inicios y finales de épocas les dio por marcar con la aparición de esta joya el término del ciclo del cine negro. Como muchas de las grandes del género (baste ver las cintas arriba mencionadas), esta se basó en una novela, ahora de Whit Masterson, que Welles convirtió en un auténtico tour de force (al menos como la conocemos ahora, ya que al inicio el estudio la reedito y cuentan que era un bodrio sin pies ni cabeza) que contó con las actuaciones de Charlton Heston, Janet Leigh, el propio Welles e incluso la diva alemana Marlene Dietrich.


El Samurai (Le Samourai) Jean Pierre Melville, 1967
También en París hace aire, cómo no, Y Jean Pierre Melville estuvo ahí para demostrarlo. Todo un hombre de culto, el director supo hacer grandes historias de manera personal y al mismo tiempo empatar con el agrado del público, en esta ocasión nos presenta a un silencioso asesino interpretado por Alain Delon cuyo código de honor se ha vuelto en contra y ahora sus jefes le persiguen para matarlo. Tan buena que ha dado pie a muchas películas de acción Hongkonesas... que luego sirvieron para ser imitadas por filmes gringos.





Barrio chino (Chinatown) Roman Polanski, 1974


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Adiós a Las Vegas



Terri: Quizá no deberías beber tanto.
Ben: Quizá no debería respirar tanto, Terri.

Ben Sanderson ha tomado una decisión: irá a Las Vegas y beberá hasta que la muerte se lo permita. Y eso hará a pesar de que en su camino se cruce un ángel turbio encarnado en la hermosa prostituta Sera. No hay descenso al infierno en la historia de este guionista autodestructivo, él es su propio infierno y no hay pena ni mancha en ello, simplemente ha tomado una decisión y con los restos de cabalidad que el alcohol le deja, va a cumplirlo.
Ben transita feliz por los pasillos de un supermercado llenando de botellas un carrito. Ben es el alma de la fiesta, bebiendo y convirtiéndose en un tipo por demás simpático. Ben tomándose una cerveza bajo el agua. Sera a su lado, amándolo, aceptando la decisión de Ben, glorificando su inmaculada embriaguez.
Del otro lado: Ben en intentos patéticos por llevarse a mujeres a la cama. Sera transitando melancólica la noche de la ciudad que nunca duerme. Ben solitario bajo los insoportables neones de los casinos. Sera agredida por su padrote. Ben despertando en medio de la noche para tomarse desesperado una botella de vodka. Sera abusada por un grupo de universitarios estúpidos. Ben al borde de la muerte.
Ben en un feliz sendero de autodestrucción.



Adiós a Las Vegas (Leaving las Vegas)
Dir.
Mike Figgis. USA, 1995
Guión: Mike Figgis, sobre la novela homónima de John O’Brien
Música: Mike Figgis
Fotografía: Declan Quinn
Edición: John Smith
Con: Nicolas Cage (Ben Sanderson); Elizabeth Shue (Sera); Julian Sands (Yuri); Richard Lewis (Peter); Valeria Golino (Terri)

El hermoso tema principal de la película, Angel eyes, interpretado por Sting y parte de su letra:


Have you ever had the feeling That the world's gone and left you behind? Have you ever had the feeling That you're that close to losing your mind?

You look around each corner Hoping that she's there You try to play it cool perhaps Pretend that you don't care But it doesn't do a bit of good You got to seek till you find Are you never unwind.

lunes, 25 de agosto de 2008

Muertos de risa


Nino y Bruno son patéticos. Ni siquiera se llaman así, su nombre artístico proviene de un cartel pisoteado que el anunciador vio antes de meter a este par a escena. Y su gracia es que Bruno pegue de bofetadas a Nino, en eso radica su éxito, que los convierte en las dos más grandes leyendas de la comedia española del siglo XX.
Luego de su incursión en Hollywood con Perdita Durango (1997) que sólo le sirvió para llevarse muchos más abucheos que dólares, Alex de la Iglesia regresó a España a hacer lo suyo: subvertir la comedia para convertirla en el oscuro vehículo con que el director transita y nos cuenta nuestra cotidianeidad, pues aunque las cintas son de suyo muy españolas, las historias que narra no dejan de ser universales.
Esta es probablemente la película de de la Iglesia menos conocida en México y no puedo explicarme la razón, ya que a mi parecer es uno de sus trabajos más pulidos (y graciosos). De nueva cuenta el director utiliza la violencia como medio de entretenimiento, no a manera de apología, como algunos han pretendido ver, sino como el contrapunto para manifestar su sardónica y contundente mirada. Ya de inicio la fórmula de comedia que manejan Nino y Bruno (Santiago Segura y El Gran Wyoming, respectivamente) su sustenta en la violencia misma, el gag del tortazo que ha funcionado y seguirá funcionando mientras la desgracia ajena nos siga pareciendo cómica, aunque nunca nos detengamos a pensar en que ese agrado tenga su carga siniestra. Por eso en cuanto nace la rivalidad entre los improvisados comediantes su éxito se incrementa y así sigue hasta el momento en que se alejan y resulta que por separado no causan ninguna gracia al público.
Quiero decir que estoy comentando la esencia de la historia sin meterme tanto a detalle en la misma porque esta es una de esas cintas que no deben contarse so pena de echar a perder la sorpresa, que este caso es la esencia; con una habilidad sorprendente Alex de la Iglesia va haciendo crecer la trama y llevándola hasta el terreno de lo alucinante y francamente inverosímil sin perder el hilo. Y del aspecto técnico, ni hablar, como siempre pulcro.


Y así, Muertos de risa se convierte en una comedia tan negra que hay a quienes no les genera ni una leve sonrisa, pero bueno, hay que saber reírse de las cosas, pues como el propio de la Iglesia ha dicho “La única escapatoria que encuentro al abismo que supone mirar las cosas de frente es la comedia”.
La película es muy sencilla de encontrar en la red, así como en tiendas establecidas como Mixup, así que hay para escoger. Si quieren saber más de Alex de la Iglesia visiten su página, que es alucinante, además de que se puede ver el trailer de su más reciente película, Los crímenes de Oxford. Santiago Segura también tiene cosas extrañas que contar en la página de Amiguetes Entertainment y de El Gran Wyoming hay que ver la ficha de la Wikipedia, pues un colgado, tal y como lo anuncia, compró un dominio con el nombre del artista para regalárselo, pero a la fecha parece que no ha habido contacto.
Y para concluir los dejo con una secuencia de la película.


Muertos de risa.
Dir. Alex de la Iglesia, España, 1999
Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría
Fotografía: Flavio Martínez Laviano
Edición: Teresa Font
Con: Santiago Segura (Nino) El gran Wyoming (Bruno) Álex Angulo (Julián) Alfonso Lussón (Berasategui) Carla Hidalgo (Laura)











jueves, 7 de agosto de 2008

Unas de vaqueros

El western es uno de los géneros cinematográficos mundialmente más reconocidos y el emblemático de la producción hollywoodense en el siglo XX; su temática aborda la conquista del territorio oeste del país vecino, las ilusiones, las esperanzas, obsesiones y pasiones de la gente que llegaba a un terreno virgen, hostil y violento, siempre lleno de emocionantes aventuras. Del 11 al 17 de agosto en el Cine Teatro Alameda de San Luis Potosí, sede de la ya próxima Cineteca del estado, se presentarán algunas de las películas representativas del género, aquí unos avances.

La Diligencia. (Stagecoach) John Ford, 1939
La iniciadora del western moderno arranca el ciclo el lunes 11 (las siguientes aparecen como se irán presentando en los días sucesivos), con John Wayne en una de sus mejores películas




Vera Cruz (Vera Cruz) Robert Aldrich 1954
Polémica cinta que aborda un tanto a la ligera un pasaje de la historia mexicana, pero bueno, qué más se puede esperar de un género plagado de clichés y prejuicios. Aquí vemos a Gary Cooper y Burt Lancaster demostrando puntería ante el mismísimo Maximiliano de Hasburgo


Los siete magníficos (The magnificent seven) John Sturges Yul Brinner; Steve Mc Queen; Charles Bronson; James Coburn y Eli Wallach en una adaptación al oeste de Los siete samurais, de Kurosawa, ¿Qué más se le puede pedir a la vida?


El bueno, el malo y el feo (Il buono, il brutto, il cattivo) Sergio Leone, 1966

Obra maestra. El mejor score de la historia. Piedra angular. Clint Eastwood.



La pandilla salvaje (The wild bunch) Sam Peckinpah, 1969

Peckinpah cambió el concepto eterno de buenos vs. malos por el de malos vs. muy malos con esta hermosa sinfonía de metralla.



Un hombre llamado caballo (A man called horse) Elliot Silverstein, 1970
Y cuando comenzó el declive del género se dio por experimentar, aquí vemos a Richard Harris como un hombre blanco que llega a ser jefe de la tribu Sioux.

Silverado (Silverado) Lawrence Kasdan1985 Kasdan de plano optó por hacer un espectáculo estilo Lucas y Spielberg para tratar de revivir al western con esta cinta.

lunes, 4 de agosto de 2008

3 Iron, el espíritu de la pasión


Un día entro en una casa vacía.Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa.En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale nunca y que llora.Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.

El silencio es una vía espléndida para decir lo que sentimos con el cuerpo, quizá suene algo trillada la frase, pero no por ello deja de ser cierta, y es más, expresarlo para otros a través del arte no es nada sencillo. Kim Ki Duk lo ha logrado, con creces.
Tae-Suk, asceta contemporáneo, vive en hogares vacíos sin permiso de los propietarios, fantasma silente que en retribución al hospedaje y alimentación que recibe de sus insospechados anfitriones repara los pequeños desperfectos del hogar. Hay una casa distinta, más grande y aún llena de objetos que sin embargo se siente más vacía y no está sola. Ahí se encuentra Sun-Hwa, ex modelo de rostro golpeado, fantasma de su propio hogar, donde es notable que estalla frecuentemente la violencia. Se encuentran y lo saben, habrán de irse juntos, en silencio, sin plan alguno. El amor, no obstante y como es sabido, queda vedado tras sellar el compromiso en los papeles con los que la sociedad otorga posesión de la pareja. Ella debe volver, él deberá encontrar la manera de estar juntos de nuevo.
Contrario a lo que sucede en el resto de la filmografía de Kim Ki Duk, me parece que aquí la alegoría se ve minimizada ante la contundencia de una historia prácticamente muda; ponerse a reflexionar en torno a la soledad, la incomunicación, el vacío interno de las sociedades industriales, es francamente una pérdida de tiempo frente a la elocuencia y el espíritu decididamente amoroso de la historia, incluso y contrario también al resto de sus trabajos, el amor no es tan brutalmente imposible como en Bad Guy (Nabbeum namja, 2001), Cocodrile (Ag-O, 1996) o La isla (Seom, 2000), donde la desolación es total. No quiero decir con ello que se trate esta de un amor triunfante y claro al estilo Hollywood. Para nada. Es sólo que aquí los obstáculos no importan. Sun-Hwa es un lago apacible, Tae-Suk como la luz que se posa ahí para crear armonía.
La historia, según cuenta el propio director, se le ocurrió cuando al quitar unos folletos de la puerta de su casa imaginó que aquellas donde se acumulan deben ser casas vacías y ello lo llevó a pensar en una persona muy solitaria. Tras esta idea, y para gozo anecdótico de los críticos que lo idolatran, escribió el guión en un mes, filmó en un par de semanas y editó en tan sólo diez días. Cierto o no, logra una película minimalista y a un tiempo monumental en su realización, el surcoreano brinda con esta una lección más de las posibilidades contemporáneas del lenguaje cinematográfico y la forma en que su país mantiene la vanguardia.

Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia.El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el mundo de la nostalgia.


Esta cinta es bastante sencilla de conseguir, pues dado el éxito que ha alcanzado el director llegó incluso a las salas de cine mexicanas y de ahí al video, en eMule se consigue también, pero no se ve de entrada alguna versión subtitulada (aunque cuando vean la cinta sabrán que eso ni es de tanta importancia). Las frases en cursivas corresponden a La casa vacía, texto escrito por Kim Ki Duk en 2004.




3 Iron, el espíritu de la pasión (Bin Jip, Corea del sur, 2004)
Dirección y guión: Kim Ki-duk. Fotografía: Jang Seung-baek.
Montaje: Kim Ki-duk.
Música: Slvian. Producción: Kim Ki-duk. Con: Lee Seung-yeon (Sun-hwa), Jae Hee (Tae-suk), Kwon Hyuk-ho (Min-kyu), Joo Jin-mo (Detective Cho), Choi Jeong-ho (Funcionario de prisiones), Lee Dah-hae (Ji-eun), Park Dong-jin (Detective), Moon Sung-hyuk (Sung-hyuk), Park Jee-ah (Jee-ah).